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Bali: Templos, naturaleza y cultura en la isla de los dioses

Hemos descubierto que Bali, la isla de los dioses en Indonesia, es un paraíso lleno de templos, playas paradisíacas y una cultura vibrante que nos invita a disfrutar de cada rincón.

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Contenido
Bali: Templos, naturaleza y cultura en la isla de los dioses
Indonesia
julio de 2018

Bali: Templos, naturaleza y cultura en la isla de los dioses

Llegada a la isla mágica

Llegamos a Bali un sábado por la noche, con la emoción de comenzar nuestra aventura en esta isla mágica de Indonesia. Al pisar el aeropuerto Ngurah Rai, ya se notaba ese aire diferente, como si la isla nos estuviera dando la bienvenida con su mezcla de incienso y humedad tropical. Habíamos reservado un taxi con Joko (@jokobalitransport) a través de Instagram, y desde el primer momento todo fluyó con naturalidad.

Nuestro primer alojamiento estaba en el norte, en OmUnityBali, un eco-resort que prometía desconexión total. Aunque solo eran 90 kilómetros, el tráfico balinés es una experiencia en sí misma: carreteras estrechas, scooters por todas partes y un caos que termina siendo parte del encanto. El trayecto se alargó más de dos horas y media, y llegamos cuando ya casi era de madrugada. Pero la mañana nos sorprendió: todo el hotel nos esperaba para un desayuno comunal. Comenzar el día haciendo ejercicios de respiración en grupo fue una manera curiosa y refrescante de arrancar nuestra aventura en Indonesia.

Explorando el norte

Alquilamos una moto, algo casi obligatorio para moverse por la isla, y nos dirigimos a la impresionante cascada de Sekumpul. Este lugar es un verdadero espectáculo natural: el agua cae desde varias alturas rodeada de exuberante vegetación. Es una de las cascadas más altas de Bali, con siete saltos principales, y para llegar hay que bajar un buen tramo de escaleras entre la jungla. Sin duda, un inicio espectacular para nuestro recorrido.

Después nos fuimos a Wanagiri Hidden Hill Bali, un sitio conocido por sus columpios y nidos de madera que ofrecen vistas panorámicas del lago Buyan. Sí, es bastante turístico, pero no pudimos resistirnos a sacarnos unas fotos. Fue curioso ver cómo los trabajadores se esforzaban al máximo para capturar la mejor luz y los mejores ángulos, casi como si fueran directores de fotografía improvisados.

Luego visitamos el famoso templo Ulun Danu Beratan, situado a la orilla del lago Bratan. Es uno de los templos más icónicos de Bali, dedicado a la diosa del agua, y la tranquilidad del lugar nos hizo sentir como si estuviéramos dentro de una postal. Eso sí, en esta parte de la isla hace bastante frío (quién lo iba a decir en Indonesia), así que tuvimos que comprar unos jerseys para mantenernos abrigados.

Pura Ulun Danu
Pura Ulun Danu

La magia de Ubud

Después de explorar el norte, nos trasladamos a Ubud, el corazón cultural de Bali. Nos alojamos en Bije Suite Villa, un lugar maravilloso con piscina privada a precios que nos parecieron un chollo. Pasamos tres noches increíbles, desconectando del todo.

Un día decidimos comer en Sweet Orange Warung, un pequeño restaurante escondido en medio de los arrozales. La decoración, con cocos pintados como caras, y la comida (nasi y mie goreng caseros) nos conquistaron por completo. Los batidos de frutas eran el complemento perfecto para un almuerzo en plena naturaleza.

En Ubud no podíamos perdernos el Campuhan Ridge Walk, un sendero que bordea un valle verde con vistas panorámicas. También visitamos el Monkey Forest, un santuario lleno de monos traviesos que, aunque son adorables, tienen unos dientes enormes y no dudan en acercarse si ven comida. Aprovechamos esos días para alquilar otra moto y explorar los campos de arroz de Tegallalang, con sus terrazas escalonadas típicas del sistema de riego subak. Además, nos echamos un baño en la espectacular Tibumana Waterfall y nos aventuramos por la divertida Tukad Cepung Waterfall, donde la caminata a través de un cañón del río fue toda una experiencia.

Tegallalang
Tegallalang

Visitando Nusa Penida

Desde Padang Bay tomamos un ferry hacia la maravillosa isla de Nusa Penida. Aunque hemos oído que las carreteras han mejorado, conducir una moto por allí sigue siendo una de las experiencias más locas que hemos tenido: curvas cerradas, baches y un paisaje que quita el aliento. Nos alojamos en Bitang Hostel, una pagoda al oeste de la isla con vistas espectaculares.

Desde allí visitamos la playa de Crystal Bay, donde disfrutamos del mejor zumo de fruta del dragón y contemplamos uno de los atardeceres más mágicos de nuestras vidas. Cerca también vimos el famoso arco de Angel's Billabong, una piscina natural esculpida por las olas, donde tuvimos la suerte de ver cómo el mar golpeaba con fuerza la costa. También nos aventuramos a Kelingking Beach, famosa por su acantilado con forma de tiranosaurio. Las escaleras que bajan a la playa han sido mejoradas, pero guardamos un recuerdo nostálgico de lo únicas que eran antes.

Para cerrar nuestra experiencia en Nusa Penida, hicimos un trekking hasta la cascada Seganing. El recorrido, lleno de escalones tallados en piedra y palos a modo de barandilla, fue una maravilla. La cascada en sí es menos concurrida que otras, y el sonido del agua al caer nos hizo sentir en total conexión con la naturaleza.

Un cambio de planes inesperado

Nuestra idea inicial era visitar las islas Gili, pero un temporal marítimo nos dejó atrapados un día más en Nusa Penida. Al final, eso nos llevó a cambiar nuestros planes y trasladarnos a la isla vecina de Nusa Ceningan, un destino no programado. Allí nos alojamos en Nusa Veranda Sunset Villa y, sorpresa, comimos la mejor pasta carbonara del mundo en The Sand, un chiringuito con vistas al mar. Repetimos dos noches seguidas.

En Nusa Ceningan descansamos un montón, exploramos el Blue Lagoon (una cala de aguas turquesas) y cruzamos el famoso puente amarillo que conecta con Nusa Lembongan. Este lugar, aunque menos conocido, tenía su propio encanto: tranquilidad, paisajes vírgenes y un ritmo de vida mucho más pausado.

The Sand
The Sand

Despedida en Bali

Finalmente, regresamos en ferry a Bali y nos alojamos los últimos días en el sur de la isla, cerca del templo de Luhur Uluwatu. Este templo, situado en un acantilado sobre el océano, también está lleno de monos traviesos que nos acompañaron durante la visita. Aprovechamos ese último día para ir a la playa de Balangan, un lugar perfecto para surfistas y con un atardecer espectacular. Siempre acompañados de un refrescante zumo de sandía, nuestra despedida fue la forma perfecta de concluir esta mágica aventura en Bali.

Balangan Beach
Balangan Beach
Al final, cada rincón de la isla nos dejó recuerdos inolvidables y la promesa de regresar a seguir explorando su magia.

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